1. Extensión y localización de la lesión. Se ha demostrado que hay una correlación negativa entre el tamaño y la localización del daño y su recuperación. Las lesiones extensas dejan pocas habilidades residuales que permitan el posterior restablecimiento. Este nexo es especialmente evidente con respecto a la recuperación de la fluidez del lenguaje (Kertesz, 1988)
2. Edad. La edad, y en consecuencia el nivel de madurez biológica, se ha considerado siempre como un factor crítico en el aprendizaje, así como en el reaprendizaje luego de alguna patología cerebral. Las lesiones cerebrales en niños presentan una mejor recuperación que en adultos, y éstas a su vez son de mejor pronóstico que en ancianos. La edad crítica para aprender una lengua se ha ubicado en los 12 años (Lenneberg, 1967), en los cinco (Krashen y Harshman, 1972) e incluso en edades más tempranas. Se cree que la lateralización de funciones se incrementa con la edad, pero continúa aún después de la pubertad (Bryden, 1983). Esta idea de que los efectos cognoscitivos y comportamentales consecuentes al daño cerebral son menos desastrosos si ocurren a una edad temprana, y más severos si suceden en edad tardía, se conoce como el “principio de Kennard”.
3. Etiología. No hay duda de la importancia de la etiología en el restablecimiento de funciones luego de daño cerebral. En general, los traumatismos y las hemorragias presentan una mejor recuperación. Los efectos de los traumatismos craneoencefálicos son difusos, pero si no hay una amnesia residual importante las posibilidades de restablecimiento son comparativamente buenas. Sea por heridas de bala o por traumatismos abiertos o cerrados, estos pacientes se recuperan mejor que aquellos que sufren accidentes vasculares o tumores cerebrales, en parte porque su edad promedio es menor. El restablecimiento en etiologías tumorales depende del curso específico del tumor. Muchos tumores intracerebrales tienen un pronóstico pobre, mientras que el de los tumores extracerebrales es excelente. En general, los accidentes vasculares tienen una presentación más desastrosa e incapacitante, pero ya que se trata de lesiones estáticas el restablecimiento suele ser bueno.
4. Factores temporales.Los accidentes de instalación súbita se relacionan con defectos mayores que los de instalación lenta. Esto punto de vista fue bien fundamentado y demostrado en términos clínicos y experimentales (Stein, 1989). Von Monakov (1914) propuso el principio de diasquisispara explicar los efectos del daño cerebral súbito. La diasquisis implica que el daño agudo al sistema nervioso funcionalmente depriva las áreas adyacentes (y también distantes) al sitio del daño de la inervación procedente del área patológica. Este efecto a larga distancia en fases agudas fue confirmado en términos generales (Metter et al., 1983). El efecto difuso de la diasquisis se reduce con el tiempo y se convierte en un factor responsable del restablecimiento. Además, el daño que se desarrolla con lentitudpermite una readaptación permanente a la condición patológica y un reaprendizaje continuo de las funciones cada vez más deterioradas. Un paciente con un tumor en crecimiento por varios años, en cierto modo tiene un largo tiempo de terapia y rehabilitación.
5. Tiempo desde el accidente. Se cree que una de las variables fundamentales en el nivel de restablecimiento se refiere al tiempo que transcurre desde el accidente hasta que se inicia el proceso de rehabilitación. Si el paciente permanece inactivo por demasiado tiempo, el pronóstico de restablecimiento disminuye.
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